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Mente

Cuando hablamos de la mente nos referimos al cuerpo mental y no podemos hablar de un ente separado al resto de cuerpos que conforman el ser humano.

Al igual que somos conscientes de nuestro cuerpo físico tenemos que llegar a ver todos los otros cuerpos que nos integran.

El cuerpo físico es el conocido y aceptado por la mayoría tanto de los seres humanos como de la ciencia convencional, la medicina alopática, etc., mientras que el resto de cuerpos (cómo mínimo otros 7) que integran al ser humano verdadero son percibidos y estudiados por una minoría. Los que componemos esta minoría entendemos que el cuerpo físico sólo es una pequeña parte de lo que representa el ser humano y que este está compuesto por otros cuerpos formados de materia etérica, fluidos y, por supuesto, energía (“Todo es energía en diferentes niveles vibratorios”, decía Albert Einstein), que se ocultan a nuestros sentidos. Sin embargo, que no los veamos no quiere decir que no existan, que no sean independientes y que no cumplan una serie de funciones de manera interconectada, manteniendo una relación tan directa entre sí que conforman un cuerpo único e indivisible.

El siguiente cuerpo sería el Etérico que hace de intermediario entre el cuerpo físico y los restantes. Gracias a este, el cuerpo físico está lleno de vida.

El siguiente es nuestro Cuerpo Emocional que, como su nombre indica, es donde residen todas nuestras emociones. Si no somos conscientes de las emociones que sostenemos, podemos llegar a enfermar gravemente y morir sin haber tomado conciencia de este cuerpo, y esta es una de nuestras asignaturas pendientes.

Y el último cuerpo del que hablaremos, en este apartado, es el Mental que, a su vez, se divide en 2 subcuerpos: el mental inferior o intelecto y el mental superior o pensamiento abstracto (conexión con la mente espiritual).

Para llegar a entrar en un nivel espiritual tenemos que cubrir diversas etapas. La primera es la integración de la personalidad como un todo: lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos tiene que estar en concordancia o alineado; es decir, que el cuerpo físico, el cuerpo emocional y el cuerpo mental deberían integrarse de tal manera que lleguen a ser un sistema coherente y armónico que pueda servir para la expresión plena del alma, en el plano de la vida encarnada.

Nuestras actitudes, pensamientos, emociones o sentimientos tienen un papel importantísimo en la creación y la destrucción de nuestra salud holística.

Todo lo que existe en el universo se encuentra en un estado de vibración y frecuencia. Esta vibración-frecuencia en la que nos sostenemos se conoce como “resonancia”. Cuando una parte del cuerpo físico o de cualquier otro de los cuerpos que nos integran está vibrando fuera de su tono o fuera de su frecuencia armónica se produce lo que llamamos enfermedad (física, mental o emocional).

Para llevar a cabo una sanación holística tenemos que concienciarnos de la necesidad de actuar a todos los niveles. No sólo reequilibrar el cuerpo físico sino todo el sistema energético de la persona, evitando así que el síntoma vuelva a manifestarse, lo que nos indicaría que habrían vuelto los desequilibrios a un nivel físico-emocional-mental. En la Fundación Phi, le ayudamos a comprender que la única sanación posible es la que uno mismo realiza cuando se hace consciente de sus bloqueos psico-energéticos y empieza a potenciar su capacidad de autosanación, haciéndose totalmente responsable de su propio proceso. Nuestra herramienta es el Método Phi, que llevamos 20 años desarrollando y del que hemos comprobado la eficacia con las personas que realmente quieren empezar un proceso de crecimiento y sanación.

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